LOS 4 ► PA QUE SE LO GOZEN

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Ella Me Pide – Los 4

► LOS EXITOS DE LOS 4 (Jorge Junior)
– Tu De Que Vas
– Dimelo
– Ella Me Pide
– Pa Que Bailen
– Dicen Por Ahi
– Te Vas
– Recoge Que Te Vas
– Me Entere
– Como Hay Locos
– Pafata
– Calentico
– Fula Cantidad
– Como Tu Inflas
– Solo Vistete
– Pensando En Ti
– Llamame
– Que Bien Me Va
– Tu Tienes Que saber
– Lo Que Quiero Es
– Confiesame
– Si se va a formar que se forme
– Ahora como te mantienes
– Fresa Y Chocolate
– El oro es mio
– Quitate Tu Pa Ponerme Yo
– Tu No Te Gobiernas
– Pasaporte

Travesía del Ángel – Toledo
Ella Me Pide - Los 4
RAINER MARIA RILKE

LAS ELEGÍAS DEL DUINO

Traducción, notas y comentarios de Otto Dörr Zegers

PSEGUNDA ELEGÍA

Todo ángel es terrible. Y, sin embargo, ay de mí,
sabiendo como sois, yo os canto, aves casi mortíferas del alma.
Adónde se han ido los días de Tobías (1),
cuando uno de los ángeles más deslumbrantes,
de pie junto a la sencilla puerta de la casa,
y algo disfrazado para el viaje, dejó de ser terrible;
(¡un joven para el joven que miró hacia afuera con curiosidad!).
Pero si en este momento el arcángel, el peligroso,
diese un solo paso hacia nosotros desde más allá de las estrellas,
el propio corazón, sobresaltado, nos destruiría. ¿Quienes sois?

Vosotros, los primeros agraciados (2), mimados de la creación,
serranías, cumbres aurorales del acto creador (3),
polen de la divinidad floreciente,
refracciones de luz, pasillos, escaleras, tronos,
espacos de esencias, escudos de gozo, tumultos de sentimientos
en un arrebato tempestuoso y, de pronto, cada uno,
espejos que recrean la propia belleza irradiada
y la devuelven a su mismo rostro.

Pues nosotros, donde sentimos, nos evaporamos, ay,
y luego espiramos y nos desvanecemos; de brasa en brasa
se debilita nuestro olor. Entonces puede ser que uno nos diga:
"sí, tú penetras en mi sangre, este cuarto y la primavera
se llenan de ti…". Y de qué sirve; él no puede sujetarnos
al desaparecer nosotros en él y en torno a él.
Y a los que son bellos, ¿quién los retiene?
Incesantemente hay apariencia en su rostro que luego se va.
Y lo nuestro se desprende de nosotros, como el rocío de la hierba temprana
o el calor de una comida caliente. Oh sonrisa, ¿hacia dónde?
Oh mirada hacia lo alto. Nueva, cálida y esquiva onda del corazón;
ay de mí: eso sí somos nosotros. ¿Es que el espacio cósmico
en que nos diluimos tiene, entonces, sabor a nosotros?
¿Recogen los ángeles realmente sólo lo suyo, lo que de ellos emana,
o queda en ellos, a veces y como por descuido,
algo de nuestra esencia? ¿Estamos quizás fundidos en sus rasgos,
como esa vaguedad en el rostro de la mujer embarazada? (4).
Ellos no lo advierten en el torbellino de su retorno a sí mismos.
(¡Cómo habrían de notarlo!).

Los amantes podrían, si lo comprendiesen, hablar extrañamente
en el aire nocturno. Porque parece que todo nos encubre.
Mira, los árboles son; las casas que habitamos aún existen.
Sólo nosotros pasamos de largo como un intercambio de brisas.
Y todo concuerda en silenciarnos,
en parte quizás como vergüenza,
en parte como una indecible esperanza (5).

A vosotros, amantes, que os bastáis el uno al otro,
yo os pregunto por nosotros. Vosotros os tomáis.
¿Tenéis pruebas? Ved, sucede que mis manos
mutuamente se comprenden o que mi rostro gastado
busca en ellas mi refugio. Esto me hace sentir un poco.
Pero, ¿quién se atrevería a ser sólo por eso?
Pero a vosotros, que crecéis embelesados en el otro,
hasta que él, subyugado, os suplica que no más;
a vosotros, amantes, que entre las manos os hacéis más abundantes,
como años de vendimia; que a veces dejáis de ser, sólo porque el otro
del todo prevalece: yo os pregunto por nosotros. Yo sé
que os tocaís dichosos, porque la caricia os retiene
y no desaparece el lugar que vosotros, tiernos, ocultáis;
porque debajo presentís la pura duración.
Es casi eternidad lo que os prometéis en cada abrazo.
Y, sin embargo, cuando resistís el terror
de las primeras miradas y la nostalgia en la ventana
y el primer paseo juntos, una vez, por el jardín;
amantes, ¿seguís siéndolo entonces todavía?
Cuando os alzáis el uno al otro hasta los labios, bebida a bebida:
oh cuán extrañamente se substrae entonces al acto el bebedor.

¿Y no os asombraba en las estelas áticas (6) la prudencia
del gesto humano? ¿No fueron puestos el amor y la despedida
tan suavemente encima de los hombros, como si estuviesen hechos
de otra materia que en nosotros? Acordaos de las manos,
cómo descansan sin presión, aunque en los torsos está toda la fuerza.
Esos señores de sí mismos lo sabían: hasta aquí llegamos,
esto es lo nuestro, el tocarnos así; con más fuerza
nos levantan los dioses. Pero esto es asunto de los dioses.

Si encontrásemos también nosotros algo humano que sea
puro, angosto, contenido, un pedazo de tierra fecundo y nuestro
entre el torrente y el pedregal. Porque el propio corazón
siempre nos trasciende, como a aquellos, todavía.
Y ya no lo podemos seguir con la mirada hacia imágenes
que lo apacigüen, como tampoco hacia cuerpos divinos,
en los cuales él, aún más grandioso, se modere.

NOTAS:

1) Se refiere al texto bíblico del mismo nombre, en el cual Tobit le pide a su hijo Tobías que busque a alguien para que lo acompañe en un viaje. Él se encuentra con un joven muy amable que dice conocer el camino y estar dispuesto a acompañarlo. Este joven resultó ser el Ángel Rafael

2) La expresión "Frühe Geglütckte" es difícil de traducir, por cuanto su sentido literal es "tempranamente logrados", que simplemente no suena bien en castellano. Nos hemos decidido entonces por una expresión más poética, como "los primeros agraciados", la que, aun cuando no es exacta, contiene la idea de que los ángeles son seres superiores, bien hechos y con gracia ya en el comienzo de los tiempos.

3) El poeta distingue entre "Schöpfung" y "Erschaffung". La primera palabra significa claramente "la creación". La segunda ha sido traducida por otros autores como "mundo creado" o por "todo lo creado". La palabra "Erschaffung", por el hecho de tener el prefijo "er", alude a una acción, razón por la cual la hemos traducido como "acto creador". En rigor la palabra castellana "creación" contiene los dos significados, de lo creado y del acto creador. Como en alemán se usan dos palabras diferentes para los dos sentidos, preferimos también buscar otra expresión distinta para "Erschaffung".

4) En el original dice "die Gesichter schwangerer Frauen", vale decir, "los rostros de las mujeres embarazadas". Por un problema de musicalidad hemos preferido ponerlo en singular ( el rostro de la mujer embarazada), cuanto más que no afecta nada al sentido de la metáfora.

5) En el original dice "halb als Schande vielleicht und halb als unsägliche Hoffnung", que literalmente habría que traducirlo como "mitad quizás como vergüenza y mitad como una indecible esperanza". Como estimáramos que no suena bien en castellano el hablar de "mitad", preferimos decir "en parte".

6) Con "estelas áticas" el poeta se refiere a una famosa réplica romana de un relieve griego, que representa el momento de la despedida de Orfeo y Eurídice, cuando éste la pierde por segunda vez al no cumplir la promesa hecha al dios Eros de no mirarla hasta que ella saliera de los infiernos. En el relieve ella coloca la mano suavemente sobre el hombro de Orfeo y éste responde tocando apenas el dorso de la mano de Eurídice, como si supiera que ya no la puede retener. El filósofo Hans Goerg Gadamer también ha desarrollado el tema de la relación del hombre griego con la muerte, a propósito del análisis de las estelas funerarias en su artículo "Plato als Porträtist" (Platón como retratista)

Réplica romana de un relieve griego que representa la escena de la última despedida de
Orfeo y Eurídice, mientras el dios Hermes la retiene a ella con la mano izquierda

COMENTARIO A LA SEGUNDA ELEGÍA

…..
….. El poeta se halla todavía bajo la fuerte impresión de su encuentro con el mundo de estos espíritus superiores que son los ángeles (cuya belleza "es el comienzo de lo terrible"), experiencia plasmada en la Primera Elegía. Los ángeles de Rilke -y como él lo afirma en la famosa carta a Hulewicz del 13 de noviembre de 1925- poco o nada tienen que ver con los ángeles de la guarda o los mensajeros del Dios vivo de la tradición cristiana y menos aún con esos seres un tanto afeminados que aparecen en la pintura europea de los siglos XVII y XVIII. Desde su poder y lejanía ellos pueden llegar a ser no sólo terribles, sino también "aves mortíferas" para el alma humana. Sin embargo, en otros tiempos, cuando aún existía la inocencia y el hombre vivía sostenido por el Dios de la revelación, los ángeles podían ser amables, como es el caso de Rafael, el compañero de Tobías. Recordemos el texto bíblico: "Díjole su padre…:Busca quien te acompañe, que yo le daré su recompensa y ponte en camino….Fuese en busca de uno y se encontró con Rafael, que era un arcángel. No conociéndole, le dijo: ¿Podrías acompañarme a Ragues de Media, si es que conoces el camino…? El ángel le contestó: Yo iré contigo, que conozco bien el camino y hasta he sido huesped de Gabael, nuestro hermano.". Pero Rafael puede parecer amable a Tobías porque le oculta su naturaleza ("algo disfrazado para el viaje"), protegiéndolo así del encuentro con su desnuda y terrible belleza. Este aspecto aparece más claro en otras versiones bíblicas, como la de Bover y Cantera, la que no habla directamente del ángel Rafael, sino de un "joven gallardo, de pie, ceñido y como dispuesto a emprender un camino. Y no sabiendo que fuese un ángel de Dios, saludóle y le dijo…, etc.". Y al final de la primera estrofa el poeta manifiesta expresamente el peligro que significaría hoy la proximidad del ángel: "Pero si en este momento el arcángel…diese un solo paso hacia nosotros…el propio corazón, sobresaltado nos destruiría".
….. Se pregunta entonces el poeta quiénes son estos seres. Y responde con una letanía de cualidades y afirmaciones metafóricas de una gran belleza. A nosotros nos recuerda fuertemente las letanías con que Neruda inicia su gran poema dedicado a Macchu Picchu. Romano Guardini piensa que muchas de estas definiciones coinciden con las de la teología medieval, en particular con las de Dionisio el Aeropagita. El español Eustaquio Barjau, en unas notas al pie de página de su excelente traducción de las Elegías del año 1993, hace algunas interesantes interpretaciones de estas metáforas, interpretaciones basadas a su vez en las palabras de Rilke a Hulewicz a este respecto y que hemos mencionado ya en la Introducción: "El ángel de las Elegías es aquella criatura en la cual aparece como ya consumada esa tarea que venimos realizando de transformar lo visible en invisible". Con respecto a la primera de las metáforas, "frühe Geglückte", que hemos traducido como "los primeros agraciados", ya que la fórmula más literal, "los primeros logrados", era muy poco poética, el mismo Romano Guardini recuerda que, según San Agustin y la tradición cristiana, la creación del mundo visible fue precedida por la creación de la realidad invisible (del cielo y de los ángeles). Una característica importante de las metáforas que siguen es que ellas están dispuestas en una suerte de jerarquía ascendente: pasillos, escaleras, tronos, espacios de esencia. Esta última metáfora se refiere a un espacio lleno de ser, de sentido, de luz; y no olvidemos que la imagen de la luz ha sido empleada desde siempre como sinónimo de lo espiritual. Ahora bien, este crescendo de cualidades angélicas termina con la imagen del espejo, la que de algún modo resume toda la gloria de estos seres. El ángel refleja su belleza (la irradia), pero no la pierde, porque la recoge otra vez. Y esta es la razón por la cual ellos son indestructibles y eternos: ellos no se deterioran ni se "desvanecen" como los mortales.
….. Frente a la grandeza de estos seres, aparece la pequeñez del hombre. Nosotros, los humanos, estamos permanentemente evaporándonos y desvaneciéndonos; nuestras sonrisas, nuestras miradas, pero también los movimientos del corazón son transitorios. Todo lo nuestro es inestable y perecedero; pero eso es lo que somos, es nuestra realidad. ¿Y hacia dónde va esto que se evapora y desvanece? Quizás si el espacio cósmico tenga algo de nuestro sabor o que los mismos ángeles recojan algo de nuestra esencia ("¿Recogen los ángeles sólo lo suyo…?"). ¿Será que ellos se parecen a nosotros por lo que de nosotros reciben? ("¿Estamos quizás fundidos en sus rasgos, / como esa vaguedad en el rostro de la mujer embarazada?"). Pero ellos mismos no saben de este parentesco, ya que su existencia tumultuosa les impide percibirlo. Y aunque lo supiesen, tampoco podrían ellos revelarnos nuestro secreto, porque nosotros no soportamos su presencia y ellos desconocen la muerte y viven "en el torbellino de su retorno a sí mismos".
….. Quizás si los amantes saben algo del secreto de la existencia humana ("los amantes podrían, si comprendiesen, hablar extrañamente / en el aire nocturno"), por cuanto ellos, aunque sea por un instante, conocen la eternidad. Nosotros, en cambio, los hombres corrientes, a diferencia de las cosas no humanas, que de algún modo permanecen ("los árboles son"…"las casas que habitamos aún existen") vivimos en lo transitorio, estamos permanentemente pasando de largo "como un intercambio de brisas". Los amantes son diferentes. Ellos crecen "embelesados en el otro" y entre sus (respectivas) manos se hacen "más abundantes". Ellos se toamn uno al otro y se funden, perdiendo los límites. El lugar donde acontece su amor no desaparece y así pueden presentir "la pura duración". Pero la cima del amor dura sólo un instante y no alcanza a ser eternidad, sino más bien anhelo de eternidad. Porque después del miedo a la fusión y a la pérdida de identidad que trae consigo el amor ("el terror de las primeras miradas"), así como de las muchas esperas ("la nostalgia en la ventana") y de la carga de la cotidianeidad (el paseo juntos por el jardín), ¿siguen siendo ellos amantes todavía? Y sucede entonces que cuando uno al otro se alzan hasta los labios, "bebida a bebida", uno o ambos "bebedores" se substraen "extrañamente" al acto mismo de beberse.
….. El poeta recurre entonces a las lápidas griegas ("estelas áticas"), testimonio del antiguo sentimiento existencial. Es probable que se refiera a una lápida funeraria que Rilke vio en Nápoles y que representa a Eurídice despidiéndose de Orfeo. Recordemos el mito: Orfeo, hijo de Eagro, rey de Tracia, era teólogo, poeta y músico célebre. Él inventó la lira y la perfeccionó añadiéndole dos cuerdas. Todas las ninfas admiraban su talento y deseaban tenerlo por esposo, pero sólo la modesta Eurídice le pareció digna de su amor. Hay distintas versiones sobre si el mismo día de la boda o durante el primer tiempo de su feliz matrimonio la bella Eurídice, huyendo por el bosque de la persecución de un expretendiente, Aristeo, hijo de Cirene, fue mordida en el talón por una serpiente y esta herida le causó la muerte. Orfeo, inconsolable en su dolor, rogó a todas las divinidades hasta que obtuvo la compasión de Eros, quien le permitió descender a los infiernos a buscar a su esposa, pero con la condición de no dirigir a ella su mirada hasta no haber cruzado los límites entre el averno y la tierra. El lento camino de regreso, con la vigilancia de Hermes, estaba por llegar a su fin, cuando Orfeo, encendido por el amor y la impaciencia, no cumplió su promesa y miró hacia atrás a su esposa, la que le fue arrebatada por segunda vez, sumiendo a Orfeo en el más grande de los dolores. La estela funeraria a la que se refiere Rilke representa de seguro esta segunda despedida, pues a su lado aparece Hermes, que la tiene sujeta con su mano izquierda. La escena es de una belleza conmovedora: Eurídice coloca suavemente su mano sobre el hombro de Orfeo, mientras éste responde a ese ademán poniendo la suya sobre el dorso de la mano de Eurídice, pero tocándola apenas con las puntas de los dedos, como teniendo conciencia de que ya no la podrá retener. Los dos aparecen con la cabeza inclinada y la atmósfera que emana de esta escena refleja gran armonía y serenidad. Aquellos hombres, verdaderos "señores de sí mismos", sabían dónde estaba el límite entre lo humano y lo divino. Su gesto era cauteloso; sabían dónde estaba el límite entre lo humano y lo divino. Su gesto era cauteloso; sabían decir: hasta aquí nosotros, más allá los dioses ("esto es lo nuestro, el tocarnos así").
….. Pero esta capacidad la hemos perdido. Para recuperarla tendríamos que reencontrar la esencia de lo humano, algo "que sea / puro, angosto, contenido, un pedazo de tierra fecundo y nustro / entre el torrente y el pedregal". Pero también tendríamos que lograr controlar nustro corazón (los sentimientos y emociones), que siempre se nos escapa, que permanentemente "nos trasciende" y de algún modo nos traiciona. El corazón humano, en sus anhelos, va más allá de las posibilidades humanas y nosotros somos incapaces de apaciguarlo con imágenes o fantasías tranquilizadoras.
….. En suma, el tema central es la pequeñez del ser humano, tanto frente al mundo angélico y divino como frente al misterio de su propio destino. Los movimientos del corazón traspasan siempre los límites entre ambos mundos y cuando los que sufren estas emociones llegan a ese estado tan particular que es el del amor, logran asomarse a la eternidad, pero sin alcanzarla.

Ella Me Pide – Los 4

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